martes, 19 de mayo de 2009

ALIMENTACION EN YOGA



Sri Yukteswar indica que para conocer cuál es nuestra alimentación natural es
necesario tener en cuenta la forma de los órganos que ayudan a la digestión y nutrición:
los dientes y el conducto digestivo.
La dentadura:

- En los carnívoros los incisivos están poco desarrollados, los caninos son largos y
puntiagudos y los molares también puntiagudos. Está adaptada para comer carne.
- En los herbívoros los incisivos están muy desarrollados, los caninos reducidos
(excepto en los elefantes que los utilizan como un órgano de defensa) y los molares
tienen una gran superficie. Está adaptada para consumir hierba.
- En los omnívoros, como los osos, los incisivos se parecen a los de los herbívoros, los
caninos a los de los carnívoros y los molares anchos y puntiagudos para cumplir su
doble propósito.
- En los frugívoros toda la dentadura tiene la misma altura y está adaptada para el
consumo de frutas y granos.

La dentadura del hombre no se asemeja a la de los carnívoros ni a la de los
herbívoros ni omnívoros y coincide con la de los frugívoros.
Conducto digestivo:
El estudio comparativo de la relación de la longitud del intestino respecto a la
longitud del cuerpo (considerando la longitud del cuerpo como la longitud desde la boca
al ano) apoya una vez más que el hombre es un animal frugívoro.
- En los carnívoros el intestino mide de 3 a 5 veces la longitud del cuerpo.
- En los herbívoros el intestino mide de 20 a 28 veces la longitud del cuerpo.
- En los frugívoros el intestino mide de 10 a 12 veces la longitud del cuerpo.
De las observaciones anteriores se puede inferir que el hombre estaba destinado
originalmente a ser un animal frugívoro y que su dieta natural incluye el consumo de
frutas, verduras, cereales, semillas y raíces comestibles y como bebidas la leche y el
agua pura. Estos alimentos se asimilan fácilmente. Los alimentos que no son naturales
para el hombre no se asimilan adecuadamente, se acumulan en los órganos y al no poder
ser eliminados causan enfermedades tanto físicas como mentales y conducen a la muerte
prematura.
En el hinduismo las gradaciones entre la unidad divina y la engañosa desunión,
entre el sentido de unión con Dios y de separación de Él, reciben el nombre de gunas
(cualidades) que son tres: sattwa (elevadora o espiritualizadora), rajas (activante o
energetizante) y tamas (oscurecedora, embrutecedora, que produce apatía).

Todo el
universo es una mezcla de esas tres gunas; estas tres cualidades son inherentes a todo lo
creado. La cualidad tamásica representa el apartarse del Espíritu. La cualidad satvásica representa el deseo divino de todos los seres por alcanzar la unión con Dios, la única
Fuente de vida.
Según los yoguis, todos los alimentos ejercen alguna influencia sobre la naturaleza
mental y espiritual del hombre, además de sobre su organismo. Se afirma que la fruta es
la comida más espiritualizante o sátvica. Otros alimentos, como por ejemplo la carne o
los cereales, tienen un efecto activador o rajásico en el interior del hombre. Los
alimentos desvitalizados o de sabor fuerte, como la carne seca o el rábano picante,
tienen un efecto embrutecedor o tamásico.

De todos los alimentos materiales, la fruta es la que manifiesta una sattwa guna en
su forma más pura. Según Yogananda, se pueden desarrollar cualidades espirituales
específicas según el tipo de fruta que se coma. Los plátanos conllevan vibraciones de
humildad; las peras, de paz; la uva, de devoción (transformándose en lujuria cuando
fermenta convirtiéndose en vino); las cerezas, de alegría verdadera. Para el hombre
existe algo instintivamente atractivo en la fruta, especialmente cuando su paladar no ha
abusado durante años de una mala alimentación. Es natural en el hombre, el más
espiritualmente avanzado de todos los animales, el verse atraído instintivamente hacia
esos alimentos que mejor se adaptan al desarrollo de su sensibilidad espiritual.

El hombre es el único animal con la libertad mental de desarrollar su paladar más
allá de su propio patrón instintivo natural. De hecho hay humanos que disfrutan
comiendo, por ejemplo, carne cruda. Pero la inclinación normal del hombre es la de
ocultar los mataderos detrás de altos muros, donde no pueda ver u oír sacrificar a los
animales. El sólo pensamiento de matar es ofensivo para su sensible naturaleza. Cuando
compra carne, generalmente la disfraza cocinándola. Se refiere a ella eufemísticamente
con términos como filete, chuleta, costilla, etc. En la publicidad nunca se presentan
fotos de reses sangrantes para atraer la atención del consumidor. Sin embargo sí es muy
fácil ver fotos de recipientes con fruta.

De la misma forma que los yoguis defienden un enfoque natural para mantener una
alimentación y vida correctas, también sostienen que el cuerpo, después de años de
hábitos incorrectos, tendrá más dificultades para adaptarse de forma rápida a una dieta
sana. El doctor Lewis, primer discípulo de Paramhansa Yogananda en Norteamérica,
dejó de comer carne en cuanto encontró al Maestro. Después de un tiempo comenzó a
sentir misteriosos achaques y dolores. Visitó a diferentes doctores, que fueron incapaces
de emitir un diagnóstico. Al final preguntó al Maestro qué podría estar sucediéndole.
Éste le respondió: "Tu cuerpo ha estado acostumbrado a comer carne. Las células la
piden a gritos como consecuencia del hábito. Come un poco de carne una vez por
semana y los dolores desaparecerán". El doctor Lewis siguió el consejo del Maestro y
casi de forma inmediata se curó. Unos años más tarde consiguió dejar de comer carne
por completo.

Si tienes que comer carne, intenta evitar de forma estricta la carne de vaca y de
cerdo. Según Paramhansa Yogananda la carne de cerdo es una carne impura debido a
sus hábitos alimenticios. En cuanto a la carne de vaca, Yogananda dijo que él había
visto a los carniceros de algunos mataderos de EEUU retirar con palas los cánceres de
las reses recién sacrificadas. Es un hecho interesante que el cáncer es mucho más
frecuente en Occidente, donde el consumo de vacuno está ampliamente difundido, que
en la India, donde el hindú medio ni siquiera la tocaría. Yogananda dijo que el consumo
de carne de vaca es una de las principales causas de la aparición del cáncer. Si tienes
que comer carne, cómela con menos frecuencia y a ser posible come sólo pescado, ave y
un poco de cordero de vez en cuando.

Como ya indicamos al principio de la lección, el consumo de proteínas debe ser
bajo en los adultos, procurando que sean de buena calidad y combinadas para aumentar
su valor biológico. En la civilización actual el consumo de proteína es excesivo, pues se
toman alimentos como la carne, el pescado, los huevos, etc. en cantidades muy por
encima de los límites de las necesidades diarias.
Hay otros alimentos, aparte de la carne, con un alto contenido en proteína: las
leguminosas, los frutos secos, los aguacates y las coles son valiosas fuentes de
proteínas. Según los yoguis, el queso (especialmente el queso fresco), la leche y los
productos lácteos no sólo son admisibles, sino recomendables en la dieta humana. A
pesar de que generalmente los yoguis no recomiendan el consumo de huevos,
Yogananda permitía su consumo y lo hacía posiblemente porque las enseñanzas de
Oriente requieren cierta adaptación al mundo occidental.

La comida es algo más que un surtido de sustancias químicas. Es,
fundamentalmente, vibración. Y como tal, afecta a nuestra conciencia. Los animales,
debido a su desarrollado sistema nervioso (más desarrollado que el de los vegetales),
sienten una angustia, irritación y miedo terribles cuando son sacrificados. Estas
emociones no sólo llenan sus cuerpos de toxinas sino que los impregnan de vibraciones
agresivas. La gente que come esta carne se lleva consigo las toxinas y parte de estas
emociones. No es casualidad que las naciones más guerreras y agresivas sean grandes
consumidoras de carne, o que las más pacíficas tiendan a ser vegetarianas. Es
importante que la persona que se introduce en el yoga abandonen aquellos alimentos
que, por su naturaleza, obstruyen cualquier esfuerzo por lograr la paz y la armonía
interiores. Para el yogui la dieta basada en fruta y verdura es básica sobre todo por sus
efectos calmantes en la mente y el sistema nervioso.

Es necesario tomar alimentos frescos para devolver al cuerpo a su estado natural.
Los yoguis subrayan la importancia de los alimentos que refrescan el organismo. Una
mala alimentación, afirman, calienta el organismo al introducir impurezas en su interior,
bloqueando el flujo normal de prana en el cuerpo. Las comidas demasiado cocidas,
excesivamente especiadas, las bebidas alcohólicas, demasiados hidratos de carbono, los
estimulantes artificiales y los alimentos rancios o desvitalizados, son innaturales para el
cuerpo, concediéndole aparentemente un efecto de calor. Las frutas frescas, los frutos
secos, las verduras frescas o ligeramente cocinadas, la leche y los productos lácteos
frescos, así como los cereales integrales, se dice que tienen efecto refrescante sobre el
sistema nervioso.

Las enseñanzas de yoga ponen más énfasis en una dieta armoniosa que en una
estimulante. Si se permite al Ser interior manifestarse a través de un sistema nervioso
tranquilo y relajado, podrá llenar el cuerpo de energía y fuerza. Los estímulos externos
impiden la expresión armónica del interior. Los estimulantes dietéticos son por tanto
autodestructivos. La gente que toma demasiado café si algo nota es que su suministro de
energía natural disminuye. Cada vez necesita más café para conseguir levantar el ánimo.
Lo mismo puede decirse del té, el tabaco y otros estimulantes.

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